domingo, 20 de julio de 2014

Botellas plásticas se convierten en lámparas gracias a técnicas de artesanía milenarias

Por Inmaculada Tapia | 16 Julio, 2014 

Hay proyectos decorativos que van más allá del diseño, como el denominado PetLamp, en el que un mar de plástico se transforma en bellas lámparas: luz que da vida.





El diseñador industrial español Álvaro Catalán de Ocón ha sido el encargado de dar forma a una iniciativa que ha puesto en valor la artesanía de comunidades como la de los epearas y los guambianos de Colombia, quienes han trasladado su artesanía al reciclaje de las botellas de plástico que se acumulan en el Amazonas.

Las botellas de plástico de Coca Cola son el soporte que ha servido para emprender un proyecto de trabajo sostenible, PetLamp, basado en el diseño de lámparas que comenzó en  2011 en Colombia, tiempo después se ha desarrollado en Chile y en breve se extenderá a Japón y Etiopía.

“"Una visita a Colombia fue el detonante, y el momento, cuando me invitaron a participar en un proyecto basado en la reutilización de botellas de plástico”", comenta Catalán de Ocón. La trayectoria del diseñador, volcada en el diseño de lámparas, le llevó a plantear la creación de estas luminarias.

Los residuos se reciclan y se transforman en hermosas lámparas en las que se aplican técnicas de artesanía milenarias, que consiguen hacer olvidar el material sobre el que se sustentan.


Hermosas lámparas de desecho
El problema que se pretendía atajar con ello es la enorme cantidad de plástico que flota en el Amazonas y que ha creado una isla de deshechos. “"Me motivó no solo conocer el país sino llevar una cultura y una tecnica artesanal de un país a otro"”, explica el diseñador.

“"La botella es uno de los objetos más industriales; combinarlas con la cestería, una técnica más antigua que el barro, y transformarlas con la artesanía, me intersaba más que la variedad de objetos que se podían contruir con ellas”", explica. 

Así, se empezó a observar a la botella como un objeto “digno” y no como un residuo, y eso le ha otorgado unas posibilidades inesperadas.

Asegura que la artesanía “te permite llegar a un nivel más profundo de conocimiento de las personas” y el mundo que las rodea.

“"No quiero que sea el proyecto que marque mi carrera, pero sí es cierto que es uno de los que más me ha influido en mi trayectoria"”, comenta.


Reconoce que tres iniciativas son las que han marcado su trayectoria: Cornucopia, su proyecto de fin de carrera, que le inspiró un estilo y una manera de enfrentarse a un proyecto, por su austeridad; Flaca, una lámpara llevada al límite, y PetLamp, un proyecto al que califica de “redondo” por toda su historia.

Un universo creativo centrado en las lámparas, “porque es uno de los objetos más ricos que conozco y en el que confluyen luz, técnica y diseño”. “El mobiliario se está reinventando constantemente: la lampara es más dinamica, porque se tiene que adaptar a la tecnología del momento. Y eso supone un reto”, indica.




Reduccionismo más que minimalismo
Además, se define como un diseñador reduccionista, más que minimalista, intentando quedarse con lo básico de cada creación.

Poco a poco, trata de representar una idea y un concepto de la manera “más sencilla posible”, una idea que puso en práctica en su proyecto con la firma de muebles Vitra, en el que incorporó el bordado y el ganchillo a una de sus sillas icónicas, Alluminium.

En sus estanterías reposan varios premios, aunque reconoce que el que más le ha marcado ha sido el otorgado en Milán como Diseñador joven del año en 2010, ya que “es un poco la meca del diseño joven en el mundo y te mides con los diseñadores de cualquier parte”.

Asegura con orgullo que no ha trabajado nunca para nadie. “He aprendido a golpes, probando, y eso me ha dado una personalidad y el poder desarrollar mi carrera de diseñador”, dice.

Aunque le gustaría enfrentarse a la industria “para unir fuerzas”, su objetivo está ahora en asentar sus proyectos y “sacar con fuerza algún proyecto”, comenta con decisión.
* Reportaje EFE